Olindo, el chalet del emperador Maximiliano

por Carlos Lavin

El origen del nombre de “El Olindo” no se había aclarado, por lo que se creyó una distorsión de “El Olvido”, y así se llamó por décadas a ese lugar. Hasta que en un viaje a Brasil me enteré de la existencia de la ciudad de Olinda, y de inmediato la relacioné con Olindo, de Cuernavaca. Con ese dato como punto de partida supe que, en 1852 Maximiliano de Habsburgo, soltero de 22 años viajaba en un buque que hizo parada en Lisboa, donde se reencontró con su prima la princesa Amelia de Brasil y Portugal; se enamoraron profundamente e hicieron compromiso de matrimonio. En su diario personal la describe, como “una princesa distinguida, cumplida cómo no se ven muchas”. Meses después, en febrero de 1853, ella moriría de tuberculosis en Funchal, capital de la portuguesa isla de Madeira donde fue a recuperarse, sin haber anunciado su compromiso.

Esa pérdida pesaría a Maximiliano el resto de su vida, siempre portó un anillo que envió a su madre antes de ser fusilado en Querétaro en 1867, y le escribe: “…un amigo le llevará, querida mamá, junto con estas líneas, el anillo que usé diariamente, con un rizo del cabello de la bienaventurada Amelia de Braganza, como recuerdo para usted”.

En julio de 1857 a sus 25 años Maximiliano se casa por intereses familiares al convencer su hermano el emperador Francisco José de Austria y rey de Hungría, al padre de Carlota, Leopoldo I de Bélgica; el matrimonio con un Habsburgo aún sin ser emperador o rey pero de la casa reinante más prestigiosa de Europa convenció a Leopoldo quien se oponía a ello, no aceptaba que su única hija mujer se casara con un archiduque sin herencia ni estado. Esas relaciones matrimoniales nunca fueron buenas, Maximiliano se apartó de Carlota, el amor de su vida fue Amelia de Portugal.

En 1859, casado con Carlota, visitó la isla de Madeira donde su amada Amelia había pasado sus últimos meses, y escribió en su diario; “María Amelia era “una linda” criatura perfecta que dejó este mundo ingrato, como un ángel puro de luz, para volver al cielo, su verdadera patria”.

Habiendo sido testigo de la prosperidad del Imperio Brasileño, mas por las presiones de su suegro que exigía un mejor estatus para su hija, y convencido por Carlota, Maximiliano, aceptó ser emperador de México.

Por el amor de Amelia fue como Maximiliano tomó el nombre para este chalet de Acapantzingo, “O lindo”, que traducido del portugués al español significa literalmente “la hermosa” o “la linda”, que como nombre propio se fusiona en una sola palabra.

En una carta de Carlota a su madre la Emperatriz Eugenia, escrita en la Casa-Jardín Borda de Cuernavaca el 16 de mayo de 1866 le dice;

“Desde hace quince días estoy en Cuernavaca, sitio encantador que une al atractivo de los trópicos, un calor que hace bien y del que nos habíamos visto privados desde hace mucho tiempo en nuestra residencia del altiplano. Al emperador, que vino a reunirse conmigo, le agrada mucho Cuernavaca porque aquí puede trabajar más tranquilamente. Para él, es el Plombiéres o Biarritz. Hay que construir en el pueblo de Acapantzingo un pequeño “chalet” al que dará el nombre de “Olindo” que está rodeado por espesos bosquecillos de laureles, de naranjos y de plátanos distribuidos por la naturaleza con graciosa profusión”.

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