El Jardín Juárez y el kiosco

por Carlos Lavin

El Jardín Juárez de Cuernavaca es la plaza pública más antigua de la ciudad. Se llamó primero Paseo de la Cruz, por alzarse ahí una cruz de cantera, y cuando enfrente se construyó la capilla de Santa Catarina, adoptó ese nombre. Durante el Segundo Imperio se conoció como Plaza Maximiliano, y al triunfo de los liberales en 1857 se le llamó Plaza de la Constitución. Se le conoce popularmente como El Zócalo, en similitud al de la Ciudad de México —nombre que quedó cuando se inició la construcción de un monumento a la Independencia en ese lugar, en tiempos del emperador Agustín de Iturbide, y del que sólo se construyó el basamento o zócalo—. En 1884 se le llamó Paseo Benito Juárez, y por último Jardín Juárez, como se conoce actualmente.

En este jardín se encuentra un kiosco traído de Europa. No fue diseñado por Gustavo Eiffel, como se ha dicho de un tiempo para acá, pero se apega al estilo del mobiliario público de la época victoriana, que se usó también en puentes y edificios en todo Occidente.

Finalizando el siglo XIX, el Jardín Juárez se remodeló, y el kiosco de hierro fundido, fabricado en Glasgow, fue traído desarmado en barco de vapor desde Escocia, y de Veracruz hasta Cuernavaca a lomo de mula, junto con dieciséis bancas del mismo material, de las que quedan sólo tres en el Jardín de las Rosas, área ocupada por los emperadores Maximiliano y Carlota, del actual Jardín Borda.

Durante la Revolución, el gobierno federal ordenó la evacuación total de Cuernavaca, entonces tomada por los zapatistas, y se convirtió en una ciudad fantasma, invadida por animales salvajes. Por dos años la capital del estado estuvo deshabitada, de 1917 hasta finales de 1918. En enero de 1919, las familias cuernavacenses empezaron a repoblar la ciudad, y para reanimar la población, las bandas de diez batallones federales interpretaban tandas musicales en el kiosco desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, turnándose una hora cada banda. Desde entonces hasta nuestros días, es tradicional escuchar música interpretada por la Banda del Estado en ese kiosco acústico los jueves y domingos.

Hoy el kiosco es lugar de encuentro y paseo popular, donde es una tradición degustar frescos jugos y cocteles de frutas que se expenden en la planta baja, donde antiguamente había bodegas para guardar instrumentos musicales.

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