Los túneles bajo Cuernavaca

por Carlos Lavin

En Cuernavaca existe una red de túneles prehispánicos, excavados para conectar de manera oculta los puntos importantes de la población indígena. Enlazaban el Tecpan —sede de los gobernantes—, que se encontraba en las dos manzanas donde hoy se ubican el Teatro Morelos y La Casona, con el Templo Mayor, que se alzaba donde hoy está la Catedral; de ahí salía al oriente, al Palacio de Cortés, donde estaba el centro de recolección de tributos indígenas, y terminaba en el puente de Amanalco, que era el acceso principal a la población; siempre en línea recta, con subidas y bajadas, y ubicados a unos cinco metros de profundidad, los túneles tenían accesos intermedios: uno en la Plazuela del Zacate, dos más en las hoy vecindades “de la cueva” y “de las palomas” en calle Salazar, y en dirección poniente llegaba de la Catedral hasta la barranca de Analco, cubriendo varios kilómetros.

Estos túneles los mencionan Hernán Cortés en una de sus Cartas de relación y Bernal Díaz del Castillo en La verdadera historia de la conquista de la Nueva España, cuando narran cómo conquistaron Cuauhnáhuac, hoy Cuernavaca, entrando sus tropas por ese puente, y cómo los naturales salían y entraban por ellos para defender la ciudad, y “que esa era su mayor fortaleza”. A esos túneles, tanto el conquistador como el cronista Bernal les llamaban “cuevas”, porque en el castellano de la época aún no existía la palabra “túnel”, derivada del inglés tunnel, que no se incorporó a nuestro idioma hasta finales el siglo XIX; se creía que eran cuevas naturales, cuando en realidad eran túneles construidos por los tlahuicas, excavados en el duro tepetate sin necesidad de bóvedas. Hay otras menciones de estas “cuevas” en los códices de La fundación de Cuernavaca y unos títulos de sus pueblos, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de París.

También existen túneles de la época colonial, ya con bóvedas. Uno bajaba de la entrada norte de la población en El Calvario, con varias salidas a la barranca de La Leona, pasaba por el jardín Borda y terminaba en la salida sur de la ciudad, en el lugar donde estaba la casa de Plutarco Elías Calles —hoy un centro comercial—, mencionados ya como túneles en libros de autores respetados de los siglos XIX y XX.

En la casa y jardín Borda existe un túnel colonial abovedado del siglo XVIII, que recorre cerca de medio kilómetro alrededor del jardín; tiene tres metros de ancho y unos dos y medio de alto. Por el lado sur tenía acceso a la Catedral, y por el norte a la Iglesia de Guadalupe, pasando por el área que ocuparon Maximiliano y Carlota. Éste fue tapiado y en parte usado para dos bodegas desde hace un siglo. En su origen se conectaba con una red de túneles prehispánicos y coloniales.

En la confluencia sur de los túneles del jardín Borda está todavía la puerta, ya tapiada, por donde según la leyenda entraba la India Bonita a reunirse con el emperador Maximiliano.

En la actualidad, los túneles están tapiados para impedir el acceso de una propiedad a otra, y se hallan derrumbados en algunos tramos; sin embargo, algo se puede recuperar, y básicamente son similares a los de otras ciudades coloniales, que ya se han descubierto y abierto al público. ¿Cuándo veremos lo mismo en Cuernavaca?

P.D. Hasta la próxima.

 

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