Salvador Novo y Coyoacán

por José Antonio Sánchez Miravete

Salvador Novo nació en la Ciudad de México el 30 de julio de 1904. Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1921, y después una maestría en la Facultad de Filosofía y Letras sobre la lengua italiana. Fue poeta, ensayista, dramaturgo e historiador. Perteneció al grupo Los Contemporáneos, al lado de Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, Carlos Pellicer, Elías Nandino y Bernardo Ortiz de Montellano. En su momento fue un grupo de vanguardia en muchos sentidos. Publicó libros de poemas, ensayos, historia y crónica. Fue nombrado Cronista de la Ciudad de México por Gustavo Díaz Ordaz a raíz de la muerte de don Artemio de Valle Arizpe, en 1965. Al igual que las de su antecesor, sus crónicas estaban dotadas de una singular ironía, para deleite del lector. En 1953 inauguró el espacio teatral llamado La Capilla en la calle de Madrid número 13, en aquel entonces sin pavimentar y mal iluminada. En ese lugar trabajó y escribió teatro; con el tiempo, lo convirtió en su refugio. Además abrió el restaurante Refectorio, en el mismo recinto, donde servía platillos de comida mexicana. Recuerdo la sopa de flor de calabaza de la receta de la mayora que atendía el lugar.

Salvador Novo fue vecino de Coyoacán desde 1941 hasta su muerte, el 13 de enero de 1974. La calle donde vivió lleva su nombre desde 1968. Su amor por el barrio lo llevó a publicar el libro Breve historia de Coyoacán en la colección “Alacena” de Editorial ERA, en 1963. Posteriormente, Editorial Novaro lo invitó a ampliar su investigación sobre el tema, y en 1971 publicó su Historia de Coyoacán, del que se imprimieron dos mil ejemplares numerados y firmados por el autor.

El libro es un estudio de la zona, desde los primeros asentamientos humanos. Quienes lo consultamos disfrutamos una escritura divertida y amena, que nos muestra cómo Coyoacán ha sido a través del tiempo un territorio apetitoso, cruce de intereses, traiciones y escenario de grandes episodios de la historia.

En los primeros capítulos habla de los orígenes, la llegada de las siete tribus a la cuenca de México, la forma como se poblaron regiones y se fundaron pueblos, los conflictos entre las tribus. La historia del fiero Maxtla, quien recibió de Tezozómoc el gobierno de Coyoacán. Posteriormente trató de apoderarse de Azcapotzalco y Texcoco. Nezahualcóyotl convenció a Itzcóatl y a Acolnahuacatl, rey de Tlacopan, de oponerse a la dominación tepaneca. Se dice que en 1430 acorralaron a Maxtla en Coyoacán, y ahí lo mató Nezahualcóyotl, vengando así la muerte de su padre. La triple alianza entre Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan sentó las bases del imperio azteca.

Continúa el relato explicando la importancia del lugar para los nuevos gobernantes, por sus manantiales y la mano de obra especializada en trabajos de piedra, que sus habitantes adquirieron al estar asentados en un pedregal.

La presencia de Hernán Cortés en Coyoacán data del momento de su triunfo contra los aztecas, ayudado por tribus aliadas. El conquistador tomó Coyoacán como su cuartel general. Bernal Diaz del Castillo hace la crónica del banquete que Cortés ofreció a su ejército: “Cortés mandó hacer un banquete en Coyoacán por alegría de haberla ganado, y que para ello tenía ya mucho vino de un navío que había venido de Castilla al puerto de la Villa Rica, y tenía puercos que le trajeron de Cuba; y para hacer la fiesta mandó convidar a todos los capitanes y soldados…”

“Cortés dormía en palacios que tenían blanqueadas las paredes, y cada mañana estas aparecían pintadas con carbones y otras tintas, con motes a manera como maese pasquines” tal vez los primeros grafitis en contra del nuevo gobierno.

Tecuichpo, flor de algodón, a quien nombraron Isabel, era hija de Moctezuma, esposa de Cuitláhuac, y más tarde lo fue de Cuauhtémoc. Posteriormente se casó con Alonso de Grado, compañero de Cortés; a la muerte de éste acabó casada con Pedro Gallego de Andrade, y al final con Juan Cano de Saavedra. Así, en el pueblo de Coyoacán se inició el interminable mestizaje.

Cuando Cortés vivía en Coyoacán llegó a visitarlo su esposa, con quien se había casado en Cuba para evitar una sentencia de cárcel, doña Catalina Juárez Marcayda. Con desgano la recibió en Texcoco y le organizó una fiesta de recibimiento en Coyoacán. Ahora llegó a la casa del Capitán General Omnipotente de la Nueva España. A quince días de su llegada, la dama empezó a tener problemas con el capitán Solís, subalterno de su marido. La incomodidad de la visitante se hizo patente en la vida de Cortés. El primero de noviembre, Día de Todos los Santos, después de la comida se retiró a sus aposentos. Esa noche murió en circunstancias extrañas, y el mismo Cortés avisó a la servidumbre. Siempre existió la duda que él mismo la haya asesinado, convirtiéndose en el primer autoviudo de la Nueva España.

Otra anécdota es la del esclavo negro llamado Juan Garrido, quien halló por azar ente los sacos de arroz recién llegados de España tres granos de trigo. El negro los sembró, y uno de ellos logró germinar en las buenas tierras de Coyoacán. Sus espigas prosperaron hasta multiplicarse de manera prodigiosa. También en la zona existieron ingenios, que nos regalaron la dulzura del azúcar.

A partir de 1590 empezaron a entregarse concesiones para la apertura de negocios: venta de vino, mercancías y abarrotes, todos pagando su respectivo derecho de alcabala.

Coyoacán quedó comprendido dentro del amplio Marquesado de Oaxaca, propiedad de Hernán Cortés. Durante varios siglos, sus herederos disfrutaron las rentas de las tierras del marquesado, que llegó a tener una extensión de 11,550 kilómetros cuadrados, mayor que el actual Estado de Querétaro. Para 1800, las tierras pertenecían a Héctor María Pignateli de Aragón, duodécimo marqués.

Al final del libro, comenta Novo, faltan muchos más textos que otros historiadores y cronistas han escrito sobre Coyoacán. Terminada la obra, al poco tiempo falleció el cronista. Nos regaló, sin duda, la historia de uno de los barrios más representativos de la ciudad, que aún conserva en sus calles señas y recuerdos de aquellas crónicas.

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1 Comentario

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César Morales. enero 29, 2021 - 2:45 am

Es hermosa la historia de Coyoacán.

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