Eduardo Santamarina, un papá fuera de serie

por Verónica Aguirre
En este año, Eduardo Santamarina cumple 30 años en los escenarios. Y aunque lo recordamos en telenovelas como De frente al sol, Salud, dinero y amor, Velo de novia y Rubí, el personaje suyo que todos tienen en mente es Juan Querendón. Próximamente se estrenará en Las Estrellas La desalmada, producción del Güero Castro en donde Eduardo lleva el antagónico principal. Para saber más sobre de proyecto y sobre su vida como padre de familia, lo entrevistamos.

¿Cómo se describe Eduardo Santamarina como persona?

Enamorado, apasionado de lo que hago, de todas mis áreas: mi familia, mi trabajo, mis amigos, mis actividades de recreo… Soy un tipo amiguero, transparente; viendo mi cara, de inmediato sabes si algo no me gustó o si algo me gusta demasiado. Digo lo que pienso, y a veces soy poco paciente.

¿Y como papá?

Soy un papá tradicional. No soy partidario de la frase “hazte amigo de tus hijos”. Cada uno tiene su lugar, yo como padre y ellos como hijos; no son mis amigos, son mis hijos. No me considero un padre totalmente abierto, pero tampoco de la vieja escuela. Alguien me dijo una vez: “Eduardo, no trates de educar a tus hijos como te educaron a ti, porque el mundo que ellos viven es completamente distinto al que tú viviste”. Eso me sirvió mucho, porque me hizo reflexionar. Finalmente, quienes te enseñan a ser padre son tus hijos, y es un trabajo que debes hacer a diario.

¿Cuál es el significado de familia para Eduardo Santamarina?

Mi familia es mi círculo más cercano; es mi tribu, donde me aceptan tal como soy, con defectos y virtudes. Entre estos seres, los más amados y queridos, no hay caretas: nos mostramos como somos, nos ayudamos, salimos adelante entre nosotros, lamentamos nuestras derrotas, lloramos nuestras pérdidas. Es vital para mí formar parte de una familia. Lucho por ella todos los días, porque me nace hacerlo, y es algo que disfruto mucho.

¿Cómo equilibras tu vida en familia con tu carrera profesional?

Es fácil, en el sentido de que si mi nombre artístico es Eduardo Santamarina, eso es en mi profesión, y mi profesión debe ser siempre extraordinaria. Pero en mi vida personal sólo soy Eduardo, y es una vida normal, no tiene que ser extraordinaria. Así distingo entre la vida personal y la artística. Trato de que no se mezclen, pero a veces es inevitable. Entonces… bueno, como figura pública no pasa nada, uno debe saber hasta dónde y a quiénes abrir la puerta. Eso lo he aprendido a lo largo de mi carrera; hasta ahora me ha funcionado muy bien, y he llevado una relación espléndida con mis seres queridos en mi vida personal y con mis seres queridos en lo profesional.

¿Cómo definirías a José Eduardo, Roberto Miguel y Julia?

¿Cómo definiría yo a mis tres hijos? Es una pregunta difícil; podría decir que son lo más grande en mi proyecto de vida, algo que amo profundamente por sobre todas las cosas, incluso sobre mi trabajo. Son una extensión de mí, y me siento muy orgulloso de que estén en mi vida y estar en la suya. Estoy agradecido con ellos, porque me enseñan cada día a ser padre.

Además, los tres tienen personalidad, temperamento y carácter diferentes, y eso me nutre mucho más. Eduardo y Roberto son cuates, pero son totalmente distintos, y no puedes tratarlos igual. Eso también lo he aprendido al ser papá, y es padrísimo.

Cuéntanos sobre tu personaje en La desalmada.

Mi personaje en la telenovela es Octavio Toscano, un terrateniente. Nacido en el campo, es un ganadero exitoso, con dinero y poder que ha obtenido gracias a su esfuerzo. Es un hombre de carácter fuerte; para él, el fin justifica los medios. Es el villano de la historia, y ya verán por qué.

¿Qué significa para ti ser el antagónico de esta novela?

En los muchos años que llevo como actor, casi siempre fui el protagonista, pero de unos proyectos para acá he sido el antagonista. Lo disfruto mucho; un antagonista no necesariamente es el “malo” o el “villano”, porque incluso los villanos tienen un porqué de sus actos, sea por el pasado o por su estructura emocional. Quizá sea porque me di a conocer como protagonistas en las historias y ahora, a esta mis 52 años, me toca interpretar a los antagonistas; también es muy divertido, y finalmente me nutre mucho como actor. Quienes nos dedicamos a esto buscamos hacer personajes diversos, porque eso nos da soporte y credibilidad. Tan importante es ser el antagonista como el protagonista, y ambos van de la mano. Si tu historia, sea para cine, teatro o televisión, tiene un buen protagonista, es porque hay un buen antagonista, y viceversa.

¿Volveremos a ver a Eduardo Santamarina en Miembros al aire?

Miembros al aire… No, no creo. Como invitado sí, o si de repente Lalo Meza, el productor, me invita, o cuando falte un compañero, yo encantado de la vida. Si tengo el tiempo, voy y lo hago, porque para mí fue un programa revelador en muchos sentidos. Nunca había hecho algo así. Era estar con amigos (porque eso eran mis cuatro compañeros) hablando de mí (algo que tampoco había hecho a profundidad), de manera muy divertida y chusca, con picardía, con un humor maravilloso. Grabar Miembros al aire para mí era como salir al recreo. Me divertía mucho, me relajaba, me olvidaba del estrés del trabajo o la casa, porque iba a echar relajo, a divertirme y a hablar de todo y de nada, de cosas serias y superficiales… Fue una experiencia muy padre estar en Miembros al aire.

Un sueño que hayas dejado en el tintero…

Mientras uno esté vivo, no deja de soñar. Muchos sueños se van quedando, y de repente uno dice: “Ojalá tenga más vida para lograrlos”. Por ejemplo, con respecto a mi profesión, me gustan mucho el canto y el baile, aunque no soy cantante ni bailarín; me encantaría hacer un musical el día de mañana, aunque tendría que tomar clases de canto y de baile para entrar a un proyecto así. También me gustaría ser emprendedor. De repente uno dice: “Bueno, mi profesión es ésta, pero también podría dedicarme a otra cosa, poner algún negocio…”. Me interesan los restaurantes, y cuando joven trabajé por varios años en uno. Me gustó mucho recibir a la gente, recomendarles un platillo, atenderlos, servirles. Algo así son mis sueños.

¿Cuál es tu principal defecto?

Seguramente tengo muchos. Ser perfeccionista, no perdonarme, el rigor excesivo… quisiera relajarme un poco y ver que no pasa nada si me equivoco. Soy poco paciente, y me gustaría saber escuchar mejor. Soy muy acelerado, ésa es mi esencia, y me pierdo de muchas cosas en la vida. Me gustaría hacer una pausa, tomar aire, respirar y llevar un ritmo más lento, pero no he podido hacerlo porque me desespero, siento que no estoy haciendo nada, y a veces quisiera correr y volar.

¿Cuál es tu ideal de felicidad?

El ideal de felicidad no existe. Además, sería muy aburrido estar feliz las 24 horas del día, qué horror. Para mí, lo más cercano sería llevar una vida útil y tranquila, no deberle nada a nadie, poner la cabeza en la almohada y dormir con la conciencia tranquila, que haya congruencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que siento. Si logro ser congruente la mayor parte del tiempo, guau, me doy por bien servido como ser humano.

¿Cuál es tu héroe de ficción?

Batman, hasta la fecha. Leía el comic de niño, y me encantan sus películas. Vive de noche, no mata, pero atrapa delincuentes. El traje, el carro y las motos que usa me llamaron la atención desde niño, y me identifico mucho con él. El color negro me gusta también para vestir. Y la vida de millonario que lleva, su mansión, la Baticueva… todo. Mi personaje favorito es Batman.

¿Y en la vida real?

Mi héroe en la vida real… mi esposa, caray, porque es quien me centra, me dice mis verdades, me ama profundamente tal cual soy. Por eso es mi héroe, porque ama mis defectos, no sólo mis virtudes. La admiro, porque es hermosa por fuera, pero lo es mucho más por dentro. Es mi compañera, mi novia, mi amante, mi maestra de vida, y quien ha sabido llevarme con la familia mixta que tenemos: los míos, los suyos y los nuestros. Definitivamente, ella me ha enseñado a llevar mi vida y mi familia.

¿Cuál es el tu estado más típico de ánimo?

Soy alegre por naturaleza, siempre estoy cantando. No me sé ni una canción completa, pero me la paso tarareando alguna. Ése sería mi estado más normal en el día. Los demás me ven riendo, haciendo bromas, chistes… así me gusta. Reírme y hacer reír a otros me parece maravilloso; la gente que no se ríe, que anda siempre seria y malencarada, me da desconfianza. Ante la adversidad, siempre trato de mostrar de qué estamos hechos, y poner buena cara a la vida. Hay que reírse, cantar, bailar, disfrutar la vida, porque nada más tenemos una.

¿Qué superpoder te gustaría tener?

Ser invisible, caray, porque con mi altura (1.93 m) no es fácil pasar desapercibido. Entonces, siendo invisible, uy… Me encantaría ser invisible (risas). Qué no vería yo, y nadie me vería… Uy, sería padrísimo.

Sigue a Eduardo  Santamarina en su Instagram

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