La historia del Casino de la Selva.

por Carlos Lavin

El principio y el fin.

La proliferación del automóvil, la cercanía de Cuernavaca con la Ciudad de México, el clima, su cielo y la paz postrevolucionaria lograda en 1930 con los decretos firmados por el gobernador Carlos Lavín Aranda contribuyeron a la creación de un espacio turístico que en su momento rivalizó con los mejores del mundo.

Era la época de la prohibición en Estados Unidos, y los empresarios mexicanos trataban de atender esa demanda, como ya lo hacía el Casino Agua Caliente en Tijuana. Cuando inició operaciones, en 1932, el Casino de la Selva albergaba en su edificio principal mesas de juego, ruleta, bacará y póker, y 48 habitaciones.

El contratista de la obra fue don Manuel Suárez y Suárez, y en la fecha de inauguración quedó pendiente un importante adeudo por liquidarle. Funcionó como casino durante dos años, cuando Lázaro Cárdenas mandó cerrar los establecimientos de juego en el país, y operando sólo como hotel se fue a quiebra. Los principales acreedores eran don Manuel y el gobierno del Estado, por impuestos pendientes, a tal grado que inmueble fue incautado.

Finalmente, el empresario Suárez y Suárez quedó como único dueño y se dio a la tarea de ampliar las instalaciones, para incluir una playa artificial con arena de Acapulco y una gran cascada y cabinas para bañistas, con lo que se convirtió en el primer balneario de Morelos.

Se adquirieron propiedades vecinas, con la idea de hacer del Casino un parque al estilo de Disneyland, con tren elevado, que quedó inconcluso. Se instaló uno de los primeros boleramas automatizados y un helipuerto para conectarlo con el Gran Hotel de México, también propiedad de don Manuel y hoy convertido en el World Trade Center.

Entre 1960 y 1961 se construyeron treinta búngalos, el Salón de los Relojes y el Club Nocturno Jano, que en principio sería una iglesia, diseñados por el arquitecto español y refugiado en México Félix Candela, con el novedoso diseño de techos de cascarón.

Ahí se hospedaron artistas —de Hollywood y mexicanos— y escritores famosos. Además, numerosos arquitectos, pintores, muralistas y escultores pernoctaron en el Casino mientras trabajaban para dotar con su arte las instalaciones; entre ellos se cuentan David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, el Doctor Atl, Reyes Mesa y José Renau. Siqueiros pintó los murales de la que después se conoció como la “Capilla Siqueiros”, inspirado en la Capilla Sixtina. Ese proyecto creció y terminó instalándose en el Polyfórum, en la Ciudad de México, propiedad del mismo Suárez.

En 1994, el Casino se vendió para construir un gran complejo turístico, que aprovecharía las emblemáticas instalaciones. Con la crisis financiera, en 2001 fue rematado y vendido a una cadena de tiendas. Vecinos de Cuernavaca y ambientalistas protestaron y bloquearon el casino, tratando de impedir su demolición. Se recuperaron las dos construcciones más representativas, el Salón de los Relojes y el Salón con los murales originales.

El Casino ha sido un hito para los visitantes de Cuernavaca y de Morelos desde hace 88 años. Fue el lugar de los paseos de fin de semana, para socializar, practicar deportes acuáticos y de otros tipos; era el escenario para cualquier fiesta, incluyendo bodas y graduaciones; el sitio para disfrutar obras teatrales, cine, exposiciones de arte de espectáculos internacionales, como el show de El Tropicana, que quien esto escribe trajo desde La Habana, a presentarse en el Club Nocturno Jano.

P.D. Hasta la próxima.

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2 Comentarios

Gabriela junio 19, 2022 - 9:44 pm

Muy buen artículo gracias. En donde quedaron los murales?

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